San Valentín para amantes: la historia del día… y una forma preciosa (y muy nuestra) de celebrarlo

San Valentín para amantes:

la historia del día… y una forma preciosa (y muy nuestra) de celebrarlo

Si San Valentín te da ilusión, me encanta. Y si a veces te da pereza, también te entiendo.
Hoy quiero proponerte algo diferente: que este 14 de febrero no sea un examen de “romanticismo”, sino una excusa bonita para volver a elegirse con calma, con chispa y con intimidad.

Por Magique Sexualité · febrero 2026


Hay una parte de mí que adora los rituales. No por lo comercial, sino por lo humano: porque nos recuerdan que el amor necesita atención, y que la conexión —como el placer— florece cuando la cuidamos.

Y sí: San Valentín puede ser exactamente eso. Un recordatorio dulce.


San Valentín no tiene que ser perfecto. Solo tiene que sentirse auténtico para ustedes.

¿De dónde viene San Valentín y por qué se celebra el 14 de febrero?

La historia es un poco brumosa (como muchas historias antiguas), pero eso también la hace fascinante.

Por un lado, la celebración se asocia a San Valentín, un mártir cristiano del que existen varias versiones y relatos (no hay un único “Valentín” totalmente confirmado).

Por otro lado, se suele mencionar que en la antigua Roma había fiestas de mediados de febrero vinculadas al cambio de estación y la fertilidad (como las Lupercales), y que con el tiempo la Iglesia fue ubicando celebraciones cristianas en fechas cercanas.

Lo que sí es clarísimo es esto: la asociación moderna entre el 14 de febrero y el amor romántico se fue consolidando con los siglos, especialmente en Europa, hasta convertirse en la celebración actual.


 

Lo mejor de celebrarlo en pareja no es el día: es lo que activa

A mí me gusta pensar San Valentín como un pretexto elegante para hacer tres cosas que, según la investigación y la terapia de pareja, sostienen el vínculo:

1) Crear un ritual de conexión

Los rituales (pequeños y repetibles) son una forma muy poderosa de decir: “esto nos importa”. Desde la perspectiva del trabajo del The Gottman Institute, San Valentín puede ser una oportunidad para iniciar un ritual sencillo: una cita en casa, una conversación guiada, una tradición propia.

2) Generar “calor relacional” con gestos concretos

Regalar (bien) no es solo un detalle: puede activar sensación de conexión y confianza. La American Psychological Association describe cómo el acto de dar regalos se relaciona con el “warm glow” (ese bienestar cálido) y con circuitos del cerebro vinculados a placer y vínculo social.

3) Elegir experiencias que os acerquen (más que cosas)

Hay investigación en psicología del consumo que sugiere que los regalos experienciales (algo que se vive) tienden a fortalecer más la relación que los regalos materiales, incluso cuando no se disfrutan “a la vez”.


A veces el mejor regalo no es algo “grande”. Es algo que nos devuelve presencia.


 

Celebrarlo con intimidad: por qué los regalos “sensuales” pueden ser un acierto

En nuestro sector, hablar de regalos íntimos no va de “subir el nivel”. Va de algo mucho más bonito: hablar el lenguaje del cuerpo.

Un enfoque que me encanta (y que comparten terapeutas sexuales en divulgación) es mirar los regalos de San Valentín como regalos para los sentidos: tacto, olor, sabor, vista, escucha… y juego.

Eso sí: la intimidad no se improvisa con presión. Se construye con seguridad.

Antes del regalo: 3 reglas de oro (muy sexología, muy Magique)

  1. Consentimiento (siempre). Si hay sorpresa, que sea una sorpresa segura: algo que no incomode, no exponga y no presione.

  2. El regalo es una invitación, no una exigencia. Nada de “te compré esto, así que toca usarlo”.

  3. Centrarse en la conexión, no en el rendimiento. La terapia sexual insiste mucho en la comunicación: hablar de deseos, límites y gustos con amabilidad mejora la experiencia íntima.


 

Ideas de regalos íntimos con clase (y cero presión)

Te dejo opciones elegantes y muy “Magique”, pensadas para diferentes tipos de pareja:

1) Un regalo para el tacto

  • Aceite de masaje o vela de masaje (simple y sensorial)

  • Un guante de seda, pluma, antifaz suave

  • Una “cita de caricias”: 20 minutos de masaje sin objetivo

(Tip terapéutico: decidid una palabra o gesto de pausa. Da seguridad y aumenta disfrute.)

2) Un regalo para la conversación erótica (sí, esto es intimidad)

  • Un “menú del placer” escrito a mano: 5 cosas que me gustan / 5 que quiero probar / 5 que hoy no

  • Un juego de preguntas íntimas (sin obligaros a responder todo)

El The Gottman Institute recomienda preguntas abiertas como forma de conexión y conocimiento mutuo.

3) Un regalo experiencial

  • Una noche de hotel cerca (o una “noche de hotel en casa”: sábanas limpias, móvil fuera, música)

  • Una clase juntos/as: masaje, danza, tantra suave, cocina afrodisíaca

  • Un “vale” para una cita mensual

(Recuerda: experiencias = vínculo. )

4) Un regalo erótico “conversado”

Si os apetece introducir un juguete, ropa íntima o algo más explícito, mi recomendación es que sea un regalo compartido, elegido en equipo (o con pistas claras). Así evita el típico: “¿y si no le gusta?”. Y convierte la compra en parte del juego.


Lo íntimo no es lo que haces. Es cómo te sientes mientras lo haces.

Una micro-práctica para San Valentín (5 minutos, cero drama)

Te propongo algo muy simple, inspirado en dinámicas de terapia de pareja centradas en seguridad y escucha:

  1. Siéntense cerca (sin pantallas).

  2. Alternen esta frase, 2 veces cada quien:

    • “Hoy me encantaría sentirme contigo…”

    • “Para mí, conexión esta noche sería…”

  3. Cierren con una petición pequeña y realizable:

    • “¿Te apetece que cenemos sin móvil?”

    • “¿Me das 10 minutos de masaje?”

    • “¿Nos abrazamos 2 minutos antes de hablar?”

Esto cambia el clima entero.


 

Si San Valentín os da presión (también está bien)

A veces el 14 de febrero toca una herida: expectativas, comparación, cansancio, o diferencias de deseo. Si es tu caso, no estás sola/o.

En esos momentos, a mí me gusta recordar lo que proponen terapeutas de pareja: volver a lo esencial —intención, tiempo, honestidad— y no convertir el día en un juicio sobre la relación.


 

Cierro con esto, de corazón

Si celebras San Valentín, ojalá lo hagas a vuestra manera: con risa, con piel, con conversación, con un regalo que no “compra” nada… sino que abre una puerta.

Y si no lo celebras, también está perfecto. El amor no necesita calendario. Pero a veces un día concreto nos ayuda a parar y decir:

“Estoy aquí. Contigo. Y me importas.”


Nota amorosa y responsable: este artículo es informativo y no sustituye el acompañamiento profesional. Si la intimidad se vive con dolor, angustia o conflicto persistente, buscar ayuda especializada (sexología/terapia de pareja) puede ser un acto precioso de cuidado.